
Un escenario climático dinámico y con importantes desafíos meteorológicos es el que se pronostica para los próximos meses en el centro y sur de Chile. De acuerdo con el Dr. Álvaro González, académico del Instituto de Ciencias de la Tierra de la Facultad de Ciencias de la Universidad Austral de Chile (UACh) e investigador del Laboratorio de Dendrocronología y Cambio Global, la zona centro-sur del país mantiene una estrecha conexión climática con la cuenca del océano Pacífico tropical, área donde se origina el fenómeno El Niño-Oscilación del Sur (ENSO).
En el marco de la actual dinámica atmosférica, el especialista explicó cómo el desarrollo de la fase cálida de este fenómeno incidirá en las condiciones meteorológicas estacionales y los resguardos que la comunidad debe considerar tanto en el ámbito preventivo como en el sanitario.
Precipitaciones sobre el promedio para la primavera
El comportamiento de ENSO tiene un impacto directo sobre la variabilidad de las lluvias en la región. Durante las fases en que el océano Pacífico tropical registra temperaturas más elevadas, se incrementa la probabilidad de registrar eventos pluviométricos de mayor magnitud en el sur del territorio nacional.
“Cuando se produce esta fase más cálida de ENSO (llamada fase ‘El Niño’) tenemos más precipitaciones acá en el sur y esperaríamos que, por ejemplo, pudiéramos tener una primavera más húmeda con precipitaciones sobre el promedio”, precisa el Dr. González.
No obstante, el académico aclara que para la época estival la correlación meteorológica no opera de la misma manera:
“En el caso del verano la relación no es tan clara como en primavera. Esto, porque ENSO es sólo una de las piezas fundamentales que explican nuestra variabilidad de las precipitaciones a escala estacional. Lo que sí se puede generar este año es que si tenemos condiciones más cálidas en nuestro verano se incremente la posibilidad de que puedan ocurrir grandes incendios forestales producto del incremento en las temperaturas y condiciones meteorológicas que los favorecen”, advirtió, señalando que será clave monitorear la evolución del tiempo durante los próximos meses.
El Niño intenso, cambio climático y riesgo de incendios
La relación entre las anomalías térmicas del océano y el cambio climático global ha mostrado indicadores relevantes durante este 2026. En diversos sectores del Pacífico Tropical, las temperaturas superficiales del mar han superado en más de 3 °C los promedios históricos. Esta situación catalogó al evento actual como una fase de El Niño de gran intensidad, denominada de manera mediática como «Súper Niño» o «Niño Godzilla».
El Dr. González detalla que el fenómeno corresponde a una interacción compleja entre el océano y la atmósfera: el calor del océano se transfiere a la atmósfera y se redistribuye mediante la celda de Walker. Este mecanismo genera evaporación y mayores precipitaciones en ciertas latitudes, mientras que en otras desencadena sequías y calor extremo.
En el contexto local, el aumento de las precipitaciones primaverales genera consecuencias directas en la vegetación:
- Mayor crecimiento vegetal: Un aumento en las lluvias favorece un desarrollo acelerado de la biomasa en campos y terrenos eriazos.
- Acumulación de combustible seco: Al llegar las altas temperaturas estivales, este vegetación se seca y se convierte en material altamente combustible.
- Prevención comunitaria: Se hace necesario el desmalezamiento de predios y la gestión de residuos vegetales en zonas de interfaz urbana y rural.
“En general en Chile los incendios forestales se producen por actividad humana más que por una situación netamente de la meteorología”, enfatizó el investigador de la UACh, haciendo un llamado al manejo responsable del territorio.
Impactos en la salud y variabilidad regional
A escala continental, las manifestaciones de El Niño varían significativamente. En zonas como el sur de Brasil, Uruguay y Argentina, este fenómeno suele desencadenar lluvias torrenciales e inundaciones. En contraste, en regiones azotadas por olas de calor extremo, las altas temperaturas representan un riesgo crítico para la salud pública.
El incremento térmico sostenido afecta con mayor severidad a los adultos mayores, aumentando la probabilidad de complicaciones cardiovasculares y descompensaciones. Asimismo, la alteración en los patrones hídricos genera impactos severos en el sector agrícola, comprometiendo cosechas, la producción de frutales y el abastecimiento de alimentos.
Ante este panorama, la observación científica realizada desde los laboratorios de la Universidad Austral de Chile se posiciona como una herramienta fundamental para la planificación territorial, la gestión de riesgos y la preparación de las comunidades ante los efectos del cambio global.