
El panorama de la salud mental en la educación superior enfrenta una nueva y preocupante tendencia. El Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol (Senda) ha revelado un incremento significativo en el uso de tranquilizantes sin prescripción médica entre estudiantes universitarios.
Las cifras son claras: en 2025, el uso de estos fármacos subió a un 5,7%, marcando un alza respecto al 4,5% registrado en 2021. Aunque la directora nacional de Senda atribuye este fenómeno a la intensa presión académica y al generalizado aumento de problemas de salud mental en la juventud, expertos advierten que el riesgo es mucho más profundo.
El Riesgo detrás de la «Solución Rápida»
Para la psicóloga de Grupo Cetep, Teresa Valle, la automedicación con tranquilizantes va más allá de una «mala práctica». Constituye un riesgo serio para la estabilidad emocional y el bienestar psicosocial de los jóvenes.
“Los jóvenes creen que los fármacos pueden ayudarlos a regular sus emociones cuando sienten que no pueden solos,” explica la especialista. «Están usando fármacos para regular emociones que requieren acompañamiento psicológico, no automedicación. Enmascarar el malestar con medicamentos sin supervisión puede agravar los problemas de fondo”.
⚠️ Señales de Alerta: ¿Cómo Identificar el Consumo Problemático?
La profesional de Grupo Cetep subraya la necesidad de que las familias y las instituciones estén atentas a tres tipos de señales clave que pueden indicar el uso problemático de tranquilizantes:
| Tipo de Señal | Indicadores a Observar |
| Físicas | Somnolencia constante, fatiga excesiva, lentitud para responder, torpeza en los movimientos, pérdida de coordinación motora y alteraciones en el habla o el apetito. |
| Conductuales | Movimientos erráticos, disminución evidente de la energía y la motivación, o lenguaje poco claro. |
| Psicológicas | Dificultad para concentrarse, alteración del ciclo del sueño y, en casos de uso sin receta, efectos paradójicos como el aumento de la ansiedad. |
El uso sin supervisión médica puede generar efectos secundarios graves, dependencia y, crucialmente, dificultar la identificación y el tratamiento de problemas emocionales profundos. Además, puede provocar síntomas como somnolencia residual o, en casos más graves, síndrome de abstinencia.
🔑 3 Recomendaciones Clave para la Prevención
El aumento en las cifras demuestra la urgencia de cambiar el enfoque, pasando de la reacción a la prevención. Valle y otros expertos enfatizan un compromiso tripartito de instituciones educativas, familias y profesionales de la salud.
- Consultar a un Profesional de Salud Mental: Antes de recurrir a cualquier fármaco, es fundamental buscar un diagnóstico y orientación psicológica o psiquiátrica. La supervisión profesional es insustituible.
- Educar sobre Regulación Emocional: Es vital que los jóvenes adquieran herramientas para identificar, nombrar y gestionar sus emociones de forma saludable, sin la necesidad de recurrir a medicamentos como primera opción.
- Fortalecer Redes de Apoyo: Las instituciones educativas y las familias tienen el rol de promover activamente espacios de escucha activa, contención emocional y vínculos que permitan a los estudiantes enfrentar el estrés académico y personal de manera efectiva.
“No basta con reaccionar ante la crisis, es necesario prevenirla desde el acompañamiento emocional, la educación afectiva y el acceso oportuno a servicios de bienestar psicológico”, concluye la psicóloga. El desafío es velar por el bienestar integral de la próxima generación de profesionales.