
Una reciente investigación de la Universidad de Chile publicada en el Handbook of Latin American Health Psychology revela el profundo efecto que el cambio climático, la migración que este provoca y la pandemia de COVID-19 han tenido en la salud mental de la región. El estudio subraya que estos tres fenómenos, aunque distintos, comparten un impacto psicológico similar y magnifican las desigualdades preexistentes.
El informe destaca que, si bien la ecoansiedad y la solastalgia han surgido para describir el malestar emocional ligado a la degradación ambiental, en América Latina estos efectos se ven agravados por la pobreza y el limitado acceso a servicios de salud mental. Sin embargo, también se menciona que factores protectores como la participación comunitaria y el apoyo social pueden mitigar estos impactos.
Además, la investigación aborda cómo las movilidades climáticas (migraciones impulsadas por eventos climáticos extremos o lentos) generan estrés, ansiedad y depresión. La pérdida de redes sociales, dificultades económicas y la ruptura de estilos de vida tradicionales exacerban estos problemas, afectando de manera desproporcionada a mujeres, niños, adultos mayores y personas indígenas.
Finalmente, el estudio establece un paralelismo con la pandemia de COVID-19, cuyos efectos psicológicos fueron particularmente severos en la región debido a la fragilidad de los sistemas de salud. Se estima que los síntomas de salud mental afectaron hasta el 35% de la población, con una mayor prevalencia en Sudamérica.
Como recomendaciones, los investigadores señalan la necesidad de:
Fortalecer la investigación sobre factores protectores.
Aumentar el financiamiento para la salud mental.
Integrar los impactos del cambio climático en los Planes Nacionales de Adaptación.
Crear políticas públicas integrales y culturalmente sensibles.
Promover espacios seguros para compartir respuestas emocionales y fomentar la conexión con la naturaleza.